viernes, 23 de marzo de 2012
miércoles, 14 de marzo de 2012
Protocolo base.
Existe un protocolo base en el ejército español a la hora de afrontar los ataques:
-¡Señor, nos atacan y no tenemos munición!
-¡Pues coged palos!
-¡Pero señor, nos atacan con misiles!
-¡Pues palos largos, coño!
-¡Señor, nos atacan y no tenemos munición!
-¡Pues coged palos!
-¡Pero señor, nos atacan con misiles!
-¡Pues palos largos, coño!
Desperté colgando de lo alto de un edificio.
Pues eso. Quizás nunca debería haber despertado, ni siquiera haberme ido a dormir, pero el caso es que cuando abrí los ojos estaba sujetándome de la cima de un rascacielos estratosférico.
Por suerte, no era el único. A mi izquierda me acompañaba mi fiel amigo, James Franco (seguramente lo conoceréis de pelis como Spiderman o Pineapple Express). Él también estaba colgando.
-Está bien, no es tan malo –dije yo a la vez que luchaba por no soltarme-. Simplemente tenemos que trepar por encima de este borde, eso es todo.
-No puedo hacerlo, tío.
-¿De qué hablas? Es fácil, sólo tienes que…
-No, no lo entiendes. Tengo un secreto que contarte.
Luego, usó su mano libre para desabrochar la hebilla de su cinturón. Cuando terminó, una inmensa panza cayó por debajo de su camisa.
-Soy gordo, tío. No merece la pena vivir.
-¡Espera, joder! ¡No te sueltes! ¡Podemos solucionarlo!
-Adiós, compañero.
Liberó sus manos del borde y cayó hacia el abismo urbano, miles de metros más abajo.
Por mi parte, y tras no poco esfuerzo, conseguí subirme nuevamente a la azotea del edificio. Ya estaba relativamente fuera de peligro. Saqué mi móvil del bolsillo y le envié un mensaje de texto a mi padre.
-Papá, no preguntes cómo, pero he despertado en la cima del edificio más alto del mundo y ahora estoy atrapado aquí arriba. Tienes que venirme a buscar.
-Ok.
Él nunca vino.
Por suerte, no era el único. A mi izquierda me acompañaba mi fiel amigo, James Franco (seguramente lo conoceréis de pelis como Spiderman o Pineapple Express). Él también estaba colgando.
-Está bien, no es tan malo –dije yo a la vez que luchaba por no soltarme-. Simplemente tenemos que trepar por encima de este borde, eso es todo.
-No puedo hacerlo, tío.
-¿De qué hablas? Es fácil, sólo tienes que…
-No, no lo entiendes. Tengo un secreto que contarte.
Luego, usó su mano libre para desabrochar la hebilla de su cinturón. Cuando terminó, una inmensa panza cayó por debajo de su camisa.
-Soy gordo, tío. No merece la pena vivir.
-¡Espera, joder! ¡No te sueltes! ¡Podemos solucionarlo!
-Adiós, compañero.
Liberó sus manos del borde y cayó hacia el abismo urbano, miles de metros más abajo.
Por mi parte, y tras no poco esfuerzo, conseguí subirme nuevamente a la azotea del edificio. Ya estaba relativamente fuera de peligro. Saqué mi móvil del bolsillo y le envié un mensaje de texto a mi padre.
-Papá, no preguntes cómo, pero he despertado en la cima del edificio más alto del mundo y ahora estoy atrapado aquí arriba. Tienes que venirme a buscar.
-Ok.
Él nunca vino.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)