viernes, 19 de agosto de 2011

Amable: Parte 1 y 2.

AMABLE: EL EXAMEN


Era un soleado viernes, en el que los pajarillos trinaban, las hojas de los árboles se mecían empujadas por el tenue y fresco viento y las nubes se apartaban para que el sol dejase caer su cálida ternura sobre los habitantes de Granada.

Sin embargo, no hay nada perfecto, y como todos los viernes de curso, la obligación de los estudiantes es ir a clase. Así fue como Juan Pedro, amargado, llegó al instituto a encontrarse con sus compañeros en una nueva y odiosa sesión de seis horas y media de clase, cuyo broche de oro era un examen de física con el siempre maravilloso profesor Amable (nombre que seguramente fue otorgado por sus padres al hacer contraste con su cara de cabronazo).

Como siempre, todos los alumnos estuvieron repasando las cuatro horas anteriores al examen (cosa que, como es bien sabido, nunca sirve de nada). La espera fue breve, y Amable entró en clase como un bólido listo para repartirnos nuestra dosis diaria de dolor. Uno a uno, todos los alumnos recibieron su folio plagado de letras que conformaban horrorosos ejercicios para poner a prueba su cordura.

Juan Pedro dio la vuelta a su hoja bastante confiado. Había estudiado en su casa y dominaba todos los apartados de los temas, por lo que no tendría ningún problema en aprobar. Sin embargo, todas sus esperanzas fueron destruidas irremediablemente al poner la mirada sobre el primer ejercicio. Tenía que ser una broma, ¿como era posible eso?

EJERCICIO Nº1: en un safari turístico, un autobús se detiene ante una orgullosa manada de leones, por lo que un osado turista sale a hacer fotos, alejándose 40 metros del autobús. El jefe de la manada le echa el ojo, y sale disparado tras él a una velocidad de 12 metros por segundo y una aceleración de 3,5 metros por segundo. El turista lo ve y tarda 3 segundos en reaccionar antes de huir hacia el autobús a una velocidad de 7 metros por segundo y una aceleración de 1,25 metros por segundo. El conductor del autobús los ve llegar y arranca el vehículo con una velocidad inicial de 5 metros por segundo y una aceleración de 5 metros por segundo también. ¿El león desayunará hoy turista o, por el contrario, el turista logrará huir? ¿Tendrá tiempo el león de atrapar también el autobús y devorar sus ocupantes?

Incrédulo, Juan Pedro se giró con ojos desorbitados buscando al profesor. Todos sus compañeros habían reaccionado igual, y Ladrón de Guevara parecía buscar la cámara oculta en su mesa. Ambos se miraron sorprendidos, pero no había respuesta posible a eso. Amable se había vuelto loco, e iba a suspenderlos todos.

Con la esperanza de que todo fuese un pequeño error, Juan Pedro miró el segundo ejercicio.

EJERCICIO Nº 2: un pato se encuentra volando a 40 metros por encima de un río en el que flota un tronco a una velocidad estable de 10 metros por segundo. El ave comienza a descender inclinadamente en un ángulo de 70 grados a una velocidad de 15 metros por segundo. Cuando alcanza el tronco, el pato resbala con una aceleración de 20 metros por segundo, saliendo despedido hacia delante. Si el tronco llega a una cascada y cae hacia abajo a una velocidad de 50 metros por segundo, atrapando con la punta al pato con una fuerza de 20 N... ¿Morirá el pato o logrará salvarse?

Juan Pedro echó un vistazo a los tres ejercicios restantes (uno de ellos realmente letal, sobre un cohete que se estrellaba en el espacio y cuyos pedazos salían despedidos a distintas velocidades en distintas trayectorias con distintas fuerzas) antes de confirmar que nunca jamás podría aprobar ese examen. Lleno de desesperación e impotencia, contempló como Ladrón de Guevara se llevaba las manos a la cabeza, henchido de desesperanza. Amable pasó entre ambos pupitres, sonriendo probablemente a causa de la desesperación de sus alumnos. Aprovechando la presencia de su profesor, los alumnos no pudieron evitar preguntar:

-¿Quién ha hecho este examen? ¿¿Un subnormal??

Amable no se dió por aludido.

PD: La nota que sacó Juan Pedro (o sease, yo) fue un 3,75. Al final el león no se comía al turista, pero el pato si se mataba.

PD(2): Pobre pato.



AMABLE: LA HUIDA

Sin apenas haber tenido tiempo para recuperarse de su devastador examen final (léase el espacio personal anterior), la pobre clase de primero de bachiller de ciencias no se sentía con fuerzas para conocer su nota. Sin embargo, Amable, tan devastador como siempre, corrigió los exámenes a tiempo para quitarles la poca esperanza que pudieran albergar.

El índice de supensos fue arrasador, llegando a niveles jamás vistos por los lloriqueantes alumnos. De nada sirvieron las súplicas, los llantos y ni siquiera la amenaza de un suicidio colectivo, la férrea dureza de Amable mantuvo todas las notas en su lugar.

Aun así, un reducido grupo de alumnos unió sus intelectos en pos de la salvación, y sus pensamientos conjuntos forjaron una nueva esperanza... Los cuatro parciales anteriormente realizados a lo largo del curso, así como las ristras asesinas de ejercicios enviadas a diario tenían que contar algo de nota... Por tanto, hicieron saber su descubrimiento a Amable, que no pudo contener un gesto de sorpresa ante la interferencia.

Aferrándose a su plan con decisión, los alumnos obligaron a Amable a establecer un sistema de evaluación (algo de lo que, por otra parte, la clase había carecido los anteriores trimestres, fuente prioritaria de casi todos los suspensos). Amable, acorralado, fulminó con una mirada de profundo odio al alumnado, y sacó con ira una tiza de su bolsillo. ¿Sería éste el final de su reinado de terror?

Los compañeros celebraban su ocurrencia, que había obligado al malvado profesor a favorecerles. Sin embargo, la privilegiada y oscura mente de Amable ya estaba trabajando a toda velocidad trazando un nuevo y siniestro plan maestro. Antes de que sus alumnos pudiesen percatarse de lo que estaba haciendo, comenzó a escribir una ecuación en la pizarra.

Lentamente, los alumnos comenzaron a darse cuenta de lo que estaba haciendo Amable, pero su sorpresa les impidió reaccionar a tiempo. Números y letras se conjugaban a partes iguales de forma abstracta y obtusa en la pizarra, en una combinación incomprensible y dolorosa a los ojos. Por lo visto, "b" era la nota de los parciales, y "z" el comportamiento, pero sus valores carecían de sentido y las letras "j", "m" y "n" no sabían a que correspondían. Amable, saboreando su triunfo, partió la ecuación y, tras observar de reojo a la clase para comprobar sus reacciones, colocó una "b" en el denominador.

Antes de que nadie en la clase tuviese tiempo alguno para asimilar lo que había ocurrido, Amable se lanzó a una velocidad sobrehumana a por su maletín, lo aferró con sus dedos de acero, y se impulsó para salir disparado como una locomotora descontrolada contra la puerta. Varios alumnos reaccionaron levemente, intentando detenerle, pero los poderosos codazos de Amable, repartidos en los puntos débiles de sus cuerpos, los lanzaron de nuevo contra sus asientos. El resto de la clase apenas pudo girar la cabeza boquiabiertos para contemplar como Amable salía disparado de la clase mientras gritaba "¡¡Nos vemos en Septiembre!!"

No sirvió de nada intentar perseguirle, para cuando se asomaron al pasillo solo quedaba el polvo levantado por sus pisadas. El esfuerzo había sido completamente en vano, y aunque varios alumnos intentaron descifrar la ecuación, era imposible. Seguramente no tendría sentido, y si lo tuviese estaban seguros de que tan solo la diabólica mente de Amable podría comprenderlo.

Como es natural, no hubo ningún sistema de evaluación, y todos los que habían suspendido el examen fueron suspendidos definitivamente en la evaluación. Cuenta la leyenda que hubo unos pocos privilegiados que consiguieron aprobar, pero solo era eso, una leyenda. Todos cayeron.

PD: Nunca más se volvió a ver a Amable. Unos dicen que se fue a otro instituto, otros dicen que volvió al Infierno, de donde había salido. Se desconoce cual es la hipótesis verdadera.

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